La subida de impuestos
18 de Septiembre de 2009 | Por Guillermo Rosés | 384 Lecturas
En ocasiones se necesario apartarse de la ciudad, ir a dar un paseo y contemplarla desde la lejanía para apreciar mejor lo que ocurre en ella. De un superávit de las cuentas públicas, el gobierno de Zapatero ha dirigido la nave del Estado a un déficit que ronda ya el 10 por 100 de nuestro PIB.
Gastar ha sido la máxima de su política económica, pese a que haya voces que sostengan que el presidente del gobierno carece de ella. El gasto público desmesurado es una opción política que ahora, en contrapartida forzada, quiere sostenerse con una subida de impuestos tanto directos como indirectos. Después de gastar y antes de continuar gastando más, toca ahora pronunciar la palabra impuesto. Y este es el discurso lógico que se quiere trasladar a la opinión pública bajo el lema de la solidaridad para hacer frente a las necesidades de los que se encuentran más desamparados por el azote de la crisis: los desempleados. Porque España encabeza con gran distancia la lista de países con mayor desempleo y el propio gobierno vaticina un 20 por 100 de desempleo que, con mayor probabilidad, superará ese porcentaje. Pero la solidaridad se concibe cuando unos pocos sostienen a otros muchos y no parece ser éste el camino por el que finalmente transitaremos si, tal y como a estas alturas se rumorea, las subidas impositivas se concentrarán no sólo en los impuestos especiales de bebidas alcohólicas y tabaco, sino en hidrocarburos, en el IVA y en la tributación de los rendimientos del capital mobiliario.
Si ésa resulta ser finalmente la palanca de empuje prevista para elevar los ingresos públicos, puede que fallen las cuentas y vaticinios, dado que por un lado, el esfuerzo dejará de ser solidario por afectar a todos y por otro, el fraude del IVA asomará peligrosamente mientras el ahorro buscará mejor acomodo impositivo en otro lugar y, si no lo hallara, se lamentará de la subida perjudicando a la inversión productiva que a su través ayuda a canalizar.
Y a esta distancia de los ruidos de la ciudad, donde ahora hay paz, uno se pregunta por qué no variar el rumbo y acometer por fin una reducción del gasto público no productivo y las reformas estructurales que tanto precisa nuestra economía en el sector laboral para hacerla competitiva frente al exterior. Aún hay tiempo para corregir el rumbo, pese a quien pese.
RSS

(4) Comentarios