España a la deriva económica
26 de Marzo de 2010 | Por Guillermo Rosés | 1042 Lecturas
Que España esté en el furgón de cola de la recuperación económica no debe extrañarnos, si tenemos en cuenta que la inacción produce el mal de agravar los problemas.
La indolencia trasladada al ámbito de la economía doméstica se ha manifestado en la ausencia de propuestas para arrancar soluciones prácticas con las que combatir los problemas de fondo que adolecen a nuestro sistema productivo.
Así, el desempleo, el más alto de los países desarrollados, no asoma sino como consecuencia directa de la carencia de iniciativas de política económica. Es en esos tiempos difíciles donde el talante del pacto brilla por su ausencia, donde la concertación social se ha mudado en enfrentamiento e incapacidad para afrontar reformas de calado, acomodándose sus protagonistas a la contemplación del deterioro paulatino de los indicadores macroeconómicos sin que se levanten voces disonantes que movilicen el descontento popular para hacerlo oír.
A todos extraña el comportamiento manso de unos sindicatos que, reacios a todo cambio, asisten inmutables a la pérdida continua de puestos de trabajo. A muchos también sorprende que un gobierno se alinee con un sindicato enconándose con el estamento empresarial, haciendo dejadez de su responsabilidad arbitral.
El eufemismo se ha instalado hace tiempo en la España del gobierno Zapatero como medio para recabar el apoyo de sus votantes y huir de la exigencia de mayores responsabilidades. Por su parte, la oposición, aquejada de escándalos de corrupción, se mueve aún en la tibieza sin lograr arrancar una posición netamente dominante en la intención de voto de los españoles en las circunstancias actuales.
Sin pacto económico, con presupuestos generales sólo respaldados por las ambiciones nacionalistas, con una política económica improvisada que da la espalda a las reformas estructurales y al estímulo del ahorro y la inversión, España avanza inexorable hacia un deterioro paulatino del empleo y del tejido empresarial, mientras el crédito no fluye ni en la cuantía ni a la velocidad que las empresas y familias demandan.
La recuperación española, apuntan los observadores y analistas extranjeros, será lenta y dolorosa, y ello, entre otros motivos, porque el crecimiento de la deuda pública va a ahogar nuestra capacidad de crecimiento.
Y en este paisaje, las pocas voces sensatas que reclaman cambios profundos, como la del gobernador del Banco de España, despiertan disparatados insultos de representantes sindicales, temerosos quizá de que la llave del cambio sea oída por el pueblo.
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