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CONSUMO

Para no gastar más de lo que puede



23 de Abril de 2010 | Por Omar Segura/EFE | 2848 Lecturas

Compras y más compras, consumos impulsivos, ofertas que finalmente no son lo que prometen... Destinamos buena parte del presupuesto familiar a llenar la cesta de la compra. Es un gasto tan continuado como indispensable, que puede –y ahora más que nunca “debe”- reducirse, siguiendo unas sencillas pautas.


 

"Comparar antes de comprar" es una de las grandes reglas de oro de la economía doméstica. Realmente funciona, pero hay que aplicarla con constancia.

Elegir bien las verduras y frutas en el supermercado, o comprarlas al peso, saber dónde tomar el café de mejor calidad y más económico, son gestos sencillos que permiten ahorrar sin privarse.

Las tarjetas de descuento o fidelización tienen sus ventajas, pero también presentan sus riesgos, porque pueden incitar a comprar algo que quizás no necesitemos en ese momento.

Ahorrar en las compras cotidianas no tiene porqué ser necesariamente un sinónimo de renunciar a lo que necesitamos o nos apetece. La clave consiste en gastar a conciencia, en lugar de dilapidar el dinero inútilmente, en usar la cabeza y la calculadora en vez de ceder a los impulsos internos o los estímulos externos.

Además, teniendo en cuenta una serie de normas básicas de la economía doméstica se puede “mantener la salud” del bolsillo y cubrir nuestras necesidades e incluso algunos caprichos, sin perjuicio de la calidad de los productos que llevamos a casa.

¿Realmente necesito esto? ¿Para que me servirá? ¿Puedo esperar un tiempo antes de adquirirlo? ¿Estoy pagando más de lo que puedo? ¿Estoy gastando o malgastando? Son algunas preguntas básicas que merece la pena plantearse y responderse, antes de introducir un producto en la cesta de la compra.

“Unos pequeños gestos, día a día, aunque parezcan intrascendentes, puede suponer un ahorro importante al cabo del año. Realmente funcionan, pero el secreto consiste en aplicarlos con perseverancia y sistemáticamente”, señala el asesor fiscal y tributario Juan Jiménez, director de AdserAsesores.

Elegir bien las verduras y frutas en el supermercado -o incluso mejor: comprarlas al peso-, saber dónde tomar el café de mejor calidad y a la vez más económico, permanecer atento a las ofertas puntuales de las empresas de nuestro entorno.

Gestos cotidianos de este tipo conducen a ahorrar una importante suma, que podemos destinar a una compra prioritaria o reservar para casos de emergencia. Para Tim Harford, autor del libro “El economista camuflado”, es en estos pequeños grandes pasos dónde reside la clave para “economizar sin sufrir ni privarse demasiado.

CONVIÉRTASE EN ECONOMISTA DOMÉSTICO.
Según este experto, un prestigioso economista británico formado en la centenaria Universidad de Oxford, el verdadero ahorro se halla en la economía doméstica, en las compras y gastos de cada día, en gestos como apagar la luz si no se permanece en el cuarto, cerrar el grifo del agua o comprar lo que realmente vale la pena y preferiblemente al contado, en vez de hacerlo sin ton ni son, y con tarjetas de crédito.

Algunos supermercados ofrecen tarjetas de descuento o fidelización, gracias a las cuales se pueden pagar menos en determinados productos o acumular puntos que después se pueden gastar en ese comercio u otros de una red comercial.

“Este tipo de tarjeta tienen sus ventajas, si se usan con cabeza y control, pero también presentan su riesgo”, señala Juan Jiménez, porque “pueden incitarnos a comprar algo que quizás no necesitemos en ese momento, con lo cual acabamos gastando más al comprar sin necesidad”.

Cuando se acostumbra realizar compras importantes en grandes superficies comerciales, no hay que fijarse solamente en los productos que están en las estanterías más a la vista, aquellas que quedan a la altura de los ojos, cuando se camina por los pasillos, ya que es allí dónde el supermercado coloca los productos que le interesa que se vendan en determinado momento.

“Es conveniente mirar en toda la fila de productos, estantería por estantería, para poder comparar realmente los precios”, aconseja el asesor.

Además, hay que pensárselo dos veces, y “comparar antes de comprar”, en lugar de ceder al impulso de adquirir automáticamente los productos que se ofrecen en los “stands” de oferta de los pasillos centrales del supermercado.

En muchas ocasiones se puede encontrar otro similar, generalmente los de las denominadas “marcas blancas” en las estanterías, y a un precio inferior a los de las ofertas.

Otro “consejo de oro” del director de AdserAsesores: a la larga, es preferible comprar en un supermercado o tienda que se sabe que vende más barato a lo largo de todo el año, que ir “picoteando” de supermercado en supermercado y comprar con superdescuentos de vez en cuando.

Cuando se acude a un gran centro comercial siempre se termina adquiriendo algo que no se necesita pero que ”entra por los ojos”. Así, la compra no sale tan barata como se preveía en principio.
 

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